domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Qué harías si te invitase a oler mis piernas?
Te lo pregunto mientras pienso
cómo sería andar en bicicleta
oyéndote.
¿Tendrías el valor de morir entre mi conciencia?
Subiríamos ambos,
muertos,
exhaustos de olor a shampoo,
shampoo encargado,
shampoo en taza,
en bici por el pseudopueblo.
¿Morirías por tu conciencia?
¿Quemarías imaginarios enteros?
Fijate: mis piernas huelen a calle descalza,
a ganas de repetir siempre lo mismo
y que el tiempo se nuble de palabras
cansadas de ser pronunciadas.
¿Morirías al escucharme inventar sonidos nuevos?

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