miércoles, 16 de marzo de 2011

Correrías a contar los fragmentos de anoche?
Quedaron acá, desparramados en el piso ciudad.
El fin de año y el neuronal que no soporta nada ni nadie
sólo los recovecos que se forman ahí,
en aquel mejor lugar del mundo del que nunca me olvido.
¿Parecía una nena esta mañana, en el umbral y con las llaves?
Rota, una muñeca desventrada de sueño y velocidad.
¿Creerías cuando te digo que preferirías que te quedes?
Volver a soñar con el fragmento más crudo de la noche
hace que quiera esconderme bajo mi cama
correr las patitas de arañas
que quedaron atrapadas
en la espesura del suelo
que quiso tragarme.
¿Dormirías conmigo debajo de mi cama,
si acaso fuese el lugar más incómodo del mundo?
Nos encontraríamos juntando las piezas
y desentrañando algún acertijo,
tan fácil como si de verdad lo quisiéramos así
tan obtusos para odiarnos en algún fragmento
y darnos vuelta preguntándonos
si acaso quisieras comer pez frito amasado en barro
en cualquiera de los poemas
-de cara de verano al sol-
en los que aparecés.

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